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El señor que murió en un accidente era un servidor y líder de Sebastopol muy apreciado por la comunidad

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Written by Kaylee Tornay

Puede ver esta nota en inglés aquí.

Carlos Del Pozo esperaba jubilarse la próxima semana, tras una carrera de 25 años en Community Action Partnership del Condado de Sonoma (Asociación de Acción Comunitaria del Condado de Sonoma), organización que brinda una variedad de servicios destinados a lograr la estabilidad económica y social y de la justicia.

El hombre de Sebastopol dirigía el programa de Padres Unidos de CAP, diseñado para ofrecerle a los padres las herramientas para intervenir en caso de que sus hijos empiecen a involucrarse en pandillas u otras conductas de riesgo. Para subvencionar el programa, organizó eventos de recaudación de fondos como noches de pozole, eventos que atrajeron a líderes políticos y comunitarios de todo el Condado a la escuela primaria Roseland.

La noticia de su muerte el jueves debido a un accidente de tráfico en la autopista 101, dejó a sus familiares, colegas y amigos tratando de sobrellevar con un vacío que ha dejado en sus vidas y en la comunidad en general.

“Hablé con él en la mañana justo antes de que esto sucediera”, dijo Vince Harper, coordinador de participación comunitaria de Community Action Partnership del Condado de Sonoma y amigo y colega de Del Pozo desde hace mucho tiempo. “Estábamos preparándonos para ocuparnos de los detalles del último día”.

Del Pozo, de 58 años de edad, estaba preparado para retirarse esta semana de su puesto como gerente de programas, dijo Harper, con planes de reunirse con su esposa y su hija pequeña en Nueva York.

“Es tan lamentable”, dijo Harper.

Además de su esposa e hija en Nueva York, a Del Pozo le sobrevive una hija de su matrimonio anterior, dijo su sobrino, Boris Del Pozo.

“Siempre trató de darles los mejores estudios y asegurarse de que no les faltara nada”, dijo en español.

Harper dijo que cuando la Asociación de Acción Comunitaria del Condado de Sonoma anunció la jubilación de Carlos Del Pozo en Facebook hace varios días, la reacción del público al informe resaltó la profundidad de su impacto en la comunidad de Roseland y más allá.

“Lo etiqueté en (la publicación)”, dijo Harper. “Quería que viese lo que la gente decía sobre él”.

Del Pozo, dijo Harper, “sencillamente no era el tipo de persona a la que le gustaba ser el centro de atención”.

Las noches de pozole que estableció para recaudar fondos para su trabajo con familias latinas locales a través del programa Padres Unidos, fueron eventos escrupulosamente pensados, dijo Harper. Del Pozo se cercioraría de invitar a líderes comunitarios y funcionarios electos, desde alguaciles del Sheriff del Condado de Sonoma hasta el Procurador del Distrito y el alcalde de Santa Rosa, y los pondría a trabajar sirviendo comida y limpiando mesas.

Lo vio como una oportunidad sustancial de participación comunitaria, una forma de forjar relaciones, dijo Harper.

Carlos también dirigió el Southwest Family Resource Center (Centro de Recursos para la Familia del Sudoeste) en el Distrito Escolar de Roseland, cambiando a un formato móvil y continuando haciendo visitas a domicilios cuando la pandemia de COVID-19 interrumpió las rutinas escolares habituales.

“Era tan comprensivo”, dijo Harper. “Una de las cosas que aprecio mucho de él es su disposición a ir donde están las familias y no hacer que las familias acudan a él”.

Boris Del Pozo, quien vive en Hawthorne, dijo que su tío era “una persona en la que se podía confiar, un gran amigo y mentor. Él siempre estuvo ahí para escucharte y echarte una mano si lo necesitabas”.

Carlos Del Pozo nació en Antigua, Guatemala, en 1962, dijo su sobrino. Emigró a los Estados Unidos a los 20 años de edad, donde trabajó en distintos empleos antes de iniciar en Community Action Partnership en el Condado de Sonoma.

Los familiares suelen contar una anécdota sobre la infancia de Del Pozo. Un día, Del Pozo se hizo amigo de otro niño que estaba dándole bola a los zapatos en un parque, dijo su sobrino. Cuando Del Pozo miró que el niño no tenía unos calzados propios, se fue a casa, metió todos sus zapatos y algo de ropa en una bolsa y volvió al parque para dárselos al niño. Esa noche, la madre de Del Pozo le preguntó, ¿qué dónde se habían ido todos sus zapatos? Del Pozo le dijo que se los había dado a un niño que los necesitaba más que él, relató su sobrino.

“Así era el alma de mi tío”, dijo Boris Del Pozo. “Él siempre quiso ayudar a los demás, y para hacerlo el mismo se puso en un segundo plano”.

Puede comunicarse con la redactora Kaylee Tornay al 707-521-5250 o kaylee.tornay@pressdemocrat.com. En Twitter @ka_tornay.

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